LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL CORAZÓN
Las estadísticas médicas nos dicen que el 1 por 100 de las personas de mediana edad aparentemente sanas, pueden sufrir un ataque cardiaco en cualquier momento en el curso de un año.
Por lo cual, ante cualquier eventualidad de mareo, palpitaciones, falta de respiración, fatiga o dolor en el pecho, la persona, como precaución, debe guardar reposo, dejar de realizar el ejercicio que esté haciendo y consultar nuevamente a su médico como medida de precaución.
Tengamos en cuenta que la meta de todos los programas de ejercicios que se pueden recomendar para nuestro disfrute en la vida al aire libre van encaminados a producir una agradable sensación de mayor energía vital y como final un mejor desarrollo de nuestras actividades cotidianas.
No adelantaremos nada, con esfuerzos indiscriminados, sino con el esfuerzo gradual y continuo durante largas temporadas.
Una de las conclusiones que la medicina preventiva destaca en su aplicación a la vida con actividad física es que la práctica regular de un ejercicio físico retrasa probablemente la aparición de enfermedades cardiovasculares y esta es una idea que se ha visto confirmada por los resultados de numerosos estudios realizados en el mundo entero, en los cuales se comparaban colectivos con una vida activa al aire libre y colectivos con vida sedentaria de ciudad.
Todos los trabajos llevan a la conclusión de un porcentaje inferior de accidentes coronarios y una vida más prolongada en los colectivos de personas que practican un ejercicio físico.
En resumen, el ejercicio físico en la vida al aire libre en las personas con vida sedentaria, cualquiera que sea su edad, pero sobre todo aquellas que han llegado a una madurez, puede ser un factor positivo, pero debe saberse que ciertas condiciones de esfuerzo intenso, inadecuado a la edad y posibilidades físicas, llegan a ser desencadenantes de accidentes graves del sistema cardiovascular y de los sistemas muscular y tendinoso.